jueves, 8 de mayo de 2014

SIGLAS

Hay algunas siglas modernas que te ponen los pelos de punta en cuanto aparecen, o amagan con aparecer, en tu vida. MSCT, ERTE o ERE... parecen siglas inocuas, como cuando nos aprendíamos en el colegio el significado de OTAN, UNESCO, ONU ... recuerdo que hasta sabía lo que significaba CEPSA. 
Hablar con siglas es una deformación profesional en casi todos los trabajos, una de las primeras tareas es familiarizarte con ellas para no andar preguntando en las reuniones, que queda fatal. IPI, ECOTE, EPES.. y otras muchas fueron parte de mi vida durante ocho años, ahora casi las he olvidado. Tengo en mi cabeza otras como PTD, CR, ADI, RAR, OJTI... Y jamás olvidaré cuanto ansié mi CI.
Pero las siglas de moda en este país, que según quienes gobiernan está saliendo de la crisis, son estas tres: 
MSCT: Modificación Sustancial de las Condiciones de Trabajo.
ERTE: Expediente de Regulación Temporal de Empleo
ERE: Expediente de Regulación de Empleo
Cuando estas siglas entran en tu vida, estás jodida, porque lo que significan es que te van a hacer trabajar más por menos dinero, o te van a mandar a vivir a cualquier otra parte sin darte nada a cambio, salvo el triste privilegio de no perder tu trabajo, o que, simplemente, te van a mandar a la calle con una indemnización de mierda porque algún directivo/empresario se lo ha llevado calentito y no ha hecho bien su trabajo. Y o lo tomas o lo dejas, no hay escapatoria posible.
Esta es la recuperación que nos están vendiendo, esta es la realidad de la Reforma de Empleo, esto es lo que aplauden al gobierno esos señores tan trajeados con los que se fotografiaba ayer el presidente (nótese que no había ninguna mujer entre ellos). 
Y estamos tan acojonados, tan parados, tan distraídos de nuestra propia realidad que nos hemos dejado  vencer por tres grupos de siglas que nos mandarán al SAE y al SEPE (que no, que ya no se llama INEM) o nos convertirán en emigrantes en el resto de los países de la UE, o en EEUU o en dónde sea. O nos quedaremos aquí, soñando con los días en los que fuimos clase media, intentando en vano llegar a fin de mes.

domingo, 4 de mayo de 2014

Maternidades

Hay muchos asuntos en los que no tengo una opinión definida y este es quizás uno de los más complicados, me refiero al tema de la maternidad subrogada o los vientres de alquiler. No consigo entender la necesidad de transmitir nuestros genes a nuestros hijos, bastante tienen con que les demos nuestra educación, nuestra cultura, nuestra forma de entender el mundo y, en estos tiempos que corren, hasta nuestras deudas, para tener que cargar encima con toda nuestra carga genética. Pero debe de ser algo muy importante, aunque yo no lo entienda, porque no paro de escuchar frases como "yo quiero que mi hijo sea mio, mio" para contraponer la maternidad biológica a la adopción (Cuando escucho eso siempre me quedo pensando de quien serán mis dos hijos). Por otro lado, me parece una cosificación de las mujeres que son tomadas como meros recipientes para tener engendrar bebés (¡Uy! Cómo Gallardón) y una forma de eludir todas las normas y criterios de idoneidad, desde mi punto de vista muy necesarios, para parejas con recursos. Pero, por último, entiendo que hay muchas parejas o personas solas que, por motivos totalmente ajenos a su idoneidad o no para ser padres, son excluidas sistemáticamente en los procesos de adopción en prácticamente todos los países del mundo y que, en su deseo de ser padres, tienen en la maternidad subrogada su única oportunidad para conseguirlo, obviamente me refiero a la parejas homosexuales. Son ellos los que me hacen replanteármelo todo y que no pueda tener una opinión definida al respecto, pues respeto al máximo su deseo de paternidad y que busquen la manera de llevarlo a cabo. Otro tema que me hace tener ciertos reparos ante este tipo de maternidad es el que se estén utilizando madres de países en vías de desarrollo para engendrar a estos niños, madres cuya motivación no será otra que la económica. ¿Es una forma de abuso? ¿O son dueñas y señoras de sus cuerpos y pueden utilizarlos para lo que quieran, engendrar hijos para terceras personas incluido? No lo sé.
En fin, que como se supone que hoy es el día de las madres, de todas, las biológicas, las adoptivas, las que tuvieron que desprenderse de sus hijos y de aquellas que necesitaron de otra mujer para engendrarlos, pues queda ahí mi pequeña reflexión. Me encantaría que me ayudarais a definir un opinión al respecto, así que los comentarios son bienvenidos.

viernes, 25 de abril de 2014

Eufemismos

Un famoso entrenador de fútbol ha muerto tras una dura batalla contra una larga y penosa enfermedad. ¿Suena bien? Pues, se van a extrañar, a mi me suena mucho mejor algo tan sencillo como Tito Vilanova, ex-entrenador del Barcelona, ha muerto de cáncer. En el tema del cáncer, esa enfermedad que son muchas enfermedades con un solo nombre, que a veces te mata y otras no y que prácticamente todos hemos padecido bien en nosotros mismo, bien en los que queremos, los medios de comunicación tienden a usar eufemismos. Eso, y la mierda de seamos muy positivos para así curarnos, son dos cosas que me ponen de los nervios. Yo no he tenido un cáncer (aún) pero he perdido a gente muy querida por su culpa y, afortunadamente, otras personas, igual de queridas, han podido curarse. Las han pasado putas, porque para curarse de esta enfermedad hay que pasarlas putas, pero se han curado, no han ganado ninguna batalla, no les ha curado ningún lazo rosa en un perfil de facebook, la cirugía, la quimio y la radio han hecho su trabajo y se han curado. Así de simple.
Es importante la prevención, es importante la investigación, es importante la protección económica y social para aquellas personas que tienen cáncer o cualquier otra enfermedad. Yo no sé si el barullo que forman este tipo de "muertes famosas" sirven para algo, me temo que no. Pero desde luego no sirve para nada no llamar a las cosas por su nombre, andar con lenguaje bélico, con imposiciones de positivismos idiotas, los sentimentalismos excesivos. Exijamos una lucha seria, inversión en investigación y que la sanidad pública no olvide ni la prevención ni la obligación de ofrecer los mejores tratamientos. Con eso me conformo.

viernes, 18 de abril de 2014

GGM

Es verde, de tapa blanda y está forrado con plástico transparente, probablemente alguno de mis hermanos mayores lo llevó al instituto en alguna ocasión, aunque no creo que en esos momentos ninguno se lo hubiera leído. Yo tenía doce años y leía sin parar, a todas horas, todo lo que cayera en mis manos. Supongo que me llamó la atención la palabra soledad, en aquel entonces, en plena adolescencia, me sentía sola con frecuencia (no creo que nunca lo estuviera, pero ya sabéis cómo son esos años) Leí la primera frase, esa famosísima primera frase y la última, y toda la curiosidad del mundo se apoderó de mí ¿qué le había pasado a esa estirpe condenada a cien años de soledad?... Y lo empecé, y cuando Rebeca, loca de amor, comienza a comer tierra... un fuerte desasosiego me hizo dejarlo, quizás este libro no es aún para mi, pensé.
Pero me siguió llamando desde la estantería del salón, y en el verano de mis trece años volví a cogerlo y esta vez no paré, me bebí toda la historia de Macondo y los Buendía, nunca necesité guía de personajes ni esquemas para no perderme entre tanto Aureliano. Y me lo volví a leer tantas veces que ya he perdido la cuenta. Fueron cayendo otros títulos legendarios, Ojos de Perro Azul, La Hojarasca, El Amor en los Tiempos del Cólera, Noticia de un Secuestro... Si le hago caso a la Wikipedia, creo que he leído prácticamente todo lo que ha escrito. 
Ahora ya no está, su último libro Memoria de mis Putas Tristes, fue inicialmente una decepción, sólo cien páginas, pensé. Pero es todo un ejercicio de como se puede escribir maravillosamente prescindiendo de todo lo superfluo, cada palabra es perfecta.
Siempre digo que yo, de mayor, quiero escribir como Gabriel García Márquez. No se preocupen, soy plenamente consciente de que es imposible.
Descanse en Paz.

lunes, 14 de abril de 2014

La pereza

La pereza es enemiga de muchas cosas, es enemiga de la casa, pues cuando te ataca todo queda sin hacer, es enemiga de los libros, ya que con ella ni se leen ni, desde luego, se escriben. La pereza es un arma de destrucción masiva para todo lo importante de la vida. Te ata al sofá, te cierra los ojos, te inunda de desencanto. Es un virus extraño con una cura difícil, la fuerza de voluntad mata la pereza, pero es débil y no siempre gana la batalla. 
No todas las perezas son iguales, las hay muy específicas, como la pereza de discutir lo mil veces discutido, o la pereza de mirarte al espejo y encontrarte con lo de siempre.
Pereza, maldita pereza, que te atrapa en espirales sin sentido.

jueves, 27 de marzo de 2014

A dieta

Quienes me siguen por el blog y quienes me conocen en persona sabrán que estoy gorda. Así sin paliativos, a quién queremos engañar con un diminutivo. Y, como casi todas las gordas, he intentado bajar de peso varias veces. Con el método habitual, la maldita dieta. Para ello he acudido a endocrinos, a ver si lo mismo es por metabolismo (¡ilusa!), a dietistas de diferente estilo... En fin, los de siempre para escuchar lo de siempre, porque tengo muy claro lo que tengo que hacer para adelgazar, comer lo que debo, en menor cantidad y moverme. ¿Parece fácil, eh?
Las gordas que me lean sabrán que no lo es. La comida es una droga estupenda, bien vista, y no hace demasiado daño al cerebro... ¿qué estás nerviosa? Comes ¿estás triste? Comes ¿Contenta y de fiesta? Comes ¿Celebras algo? Comes ¿Estás de duelo? Comes. Y así todo el rato. Luego, con los niños, llega el síndrome de coche escoba... ¿se dejan una croqueta? Para adentro ¿Una salchicha bien empercochada en ketchup? ¡Qué pena tirarla! Y cuando se trata de medio donuts de chocolate... Eso.
En uno de mis intentos fui a una terapia de grupo con una psicóloga argentina (no es un homenaje a Sabina, es que la señora era de allí) Un desastre. Porque cuando esa señora dijo con entusiasmo estar a dieta es maravilloso, lo mejor del mundo, servidora le espetó que estar a dieta es una mierda y que lo que es realmente maravilloso es comer y beber todo lo que te de la gana sin engordar... En fin, que sólo fui una vez.
Ahora hemos vuelto a las andadas, le pago a un señor muy joven y muy guapo que me pesa todas las semanas y me riñe si no adelgazo. Luego me da una dieta muy bien impresa que yo acomodo a mi vida. Como menos, me compré una bici, y no bebo alcohol. Una tristeza vamos, pero hasta que se invente para los humanos una poción mágica que te adelgace de forma automática... me temo que no me queda otra.




P.D. Esta es la poción que se le da al Pou (el bichito que tengo en el movil para entretener a mi hija) y adelgaza en un pis pas... qué envidida!!!

martes, 25 de marzo de 2014

In memoriam

Ha salido el sol. Tras tantos días de lluvia el aire está limpio, huele a hierba fresca y a tierra mojada. Me parece escuchar a mi padre diciendo “qué buen día para coger caracoles” con los ojos empequeñecidos en una sonrisa. Después de varios días de lluvia en el camping, escuchándole gritar a todas horas porque provocábamos goteras en la tienda de campaña, “¡esto no es de hormigón armado!”. Era un gran momento verlo sonreír de nuevo. Los cuatro hermanos andábamos ya medio histéricos tras los días de encierro forzoso entre las cuatro paredes de tela naranja, que mi madre trataba de acondicionar a nuestros juegos de la mejor manera posible en los días de lluvia. Cuando el mal tiempo se prolongaba, nos íbamos poniendo cada vez más nerviosos, ya con los juegos de cartas agotados por el uso. Y de repente, el sol. Yo seguía a mi padre como un perrillo, a la caza y captura de los caracoles. Tardé años en llamarles cabrillas, grandes, babosos, con todas las tonalidades de marrón en sus conchas. Íbamos los dos por los caminos llenando nuestra bolsa, evitando las ortigas y pisando charcos. En aquellos momentos me sentía más unida que nunca a ese hombre que reservaba sus mimos y atenciones con maneras de avaro. Iba atenta a sus explicaciones, deseando agradarle, haciendo preguntas sobre los temas que yo sabía que le gustaban, la ciencia, el porqué de las cosas… A veces volvía a caer alguna que otra gota, para recordarnos que estábamos en Asturias, en Santander o donde quiera que ese año nos hubiera llevado el Simca rojo con su remolque amarillo para el equipaje. Nuestras  vacaciones se iniciaban con los primeros días de julio y acababan bien entrado agosto, eran semanas de viajes, excursiones, amigos viejos y nuevos. Montábamos y desmontábamos la tienda como un ejército bien entrenado, gozábamos de la libertad que nos daba la ausencia de peligros y comíamos cosas que apenas se hacían en casa como migas, sopas de ajo y, sobre todo, jugosos caracoles en salsa que mi padre cocinaba para nosotros y, a veces, para casi todos los campistas. Nunca cocino cabrillas, ni las pido en los bares, pero basta que salga el sol tras unos días de lluvia para que olfatee el aire con nostalgia  y piense “qué buen día para coger caracoles”.