Ha salido el sol. Tras tantos días de lluvia el aire está limpio, huele a hierba fresca y a tierra mojada. Me parece escuchar a mi padre diciendo “qué buen día para coger caracoles” con los ojos empequeñecidos en una sonrisa. Después de varios días de lluvia en el camping, escuchándole gritar a todas horas porque provocábamos goteras en la tienda de campaña, “¡esto no es de hormigón armado!”. Era un gran momento verlo sonreír de nuevo. Los cuatro hermanos andábamos ya medio histéricos tras los días de encierro forzoso entre las cuatro paredes de tela naranja, que mi madre trataba de acondicionar a nuestros juegos de la mejor manera posible en los días de lluvia. Cuando el mal tiempo se prolongaba, nos íbamos poniendo cada vez más nerviosos, ya con los juegos de cartas agotados por el uso. Y de repente, el sol. Yo seguía a mi padre como un perrillo, a la caza y captura de los caracoles. Tardé años en llamarles cabrillas, grandes, babosos, con todas las tonalidades de marrón en sus conchas. Íbamos los dos por los caminos llenando nuestra bolsa, evitando las ortigas y pisando charcos. En aquellos momentos me sentía más unida que nunca a ese hombre que reservaba sus mimos y atenciones con maneras de avaro. Iba atenta a sus explicaciones, deseando agradarle, haciendo preguntas sobre los temas que yo sabía que le gustaban, la ciencia, el porqué de las cosas… A veces volvía a caer alguna que otra gota, para recordarnos que estábamos en Asturias, en Santander o donde quiera que ese año nos hubiera llevado el Simca rojo con su remolque amarillo para el equipaje. Nuestras vacaciones se iniciaban con los primeros días de julio y acababan bien entrado agosto, eran semanas de viajes, excursiones, amigos viejos y nuevos. Montábamos y desmontábamos la tienda como un ejército bien entrenado, gozábamos de la libertad que nos daba la ausencia de peligros y comíamos cosas que apenas se hacían en casa como migas, sopas de ajo y, sobre todo, jugosos caracoles en salsa que mi padre cocinaba para nosotros y, a veces, para casi todos los campistas. Nunca cocino cabrillas, ni las pido en los bares, pero basta que salga el sol tras unos días de lluvia para que olfatee el aire con nostalgia y piense “qué buen día para coger caracoles”.
martes, 25 de marzo de 2014
viernes, 14 de marzo de 2014
Aquel 11 de marzo
Lo llevo en la cabeza muchos días, pero hasta ahora no he tenido tiempo de ponerlo por escrito.
Aquel 11 de marzo yo me desperté como cualquier día para ir a trabajar. En la cocina, en aquella época, mi primera obligación era tomarme una pastilla de hierro con un zumo de naranja natural, el primer gesto, antes de exprimir las naranjas, encender la radio. Iñaki Gabilondo sonaba más grave de lo natural, se habían producido unas explosiones en Atocha. Me fui para mi cuarto y pusimos la tele, aún recuerdo la primera frase de mi marido, "esto no lo ha hecho ETA". Luego los nervios, el mal cuerpo, las llamadas y los SMS comprobando que todos los amigos de Madrid seguían sanos y salvos. Tuvimos mucha suerte.
Mi padre estaba en el hospital, recién operado del cáncer de laringe, no podía hablar. Pasé ese fin de semana con él allí, para dormir tenía una hamaca reclinable que mi madre había comprado para estar lo más cómodas posibles en ese horror que son las habitaciones triples de los hospitales públicos, pero no dormimos esos días. Compartiendo auriculares, mi padre y yo compartíamos sobre todo la indignación, nos estaban mintiendo en la cara de la forma más horrible, interesada, torticera... Nos quedábamos sin adjetivos. El cuaderno que mi padre estaba lleno de insultos al gobierno del PP. Nos habían metido con mentiras en una guerra injusta, nos situaron en el punto de mira, pero lo peor no era eso, lo peor era ver cómo trataban de aferrarse al poder mediante la mentira y la manipulación. Aquel domingo fui a votar con una sola idea en la cabeza hay que echarlos. Y los echamos, pero por unos años, ahora han vuelto, más mentiras, más injusticia, más cinismo.
En el aniversario de aquel 11 de marzo, las encuestas le siguen dando mayoría en la intención de voto, definitivamente no entiendo a ese porcentaje de población, ¿son idiotas o son malas personas?. Sus dirigentes, sus medios de comunicación lacayos, han seguido mintiéndonos a la cara sin ningún tipo de vergüenza sobre teorías conspiranoicas que nadie en su sano juicio puede creer. (Sí, a Rouco lo cuento entre sus dirigentes, ¿o no es acaso uno de los que más manda en ese partido?) Aquel 11 de marzo algunos tuvimos mucha suerte, pero otros muchos, desgraciadamente, no. Que no se nos olvide.
lunes, 3 de marzo de 2014
Hasta las narices
Lo he dicho un montón de veces, y seguramente ya me esté poniendo pesadita con el tema pero es que ya estoy hasta las narices del biologicismo imperante en esta sociedad. Y el racismo. Y la desinformación... Y... ¡tantas cosas!
Estoy hasta las narices del "no, yo quiero que mi hijo sea mio" como si los hijos adoptados fueran de segunda clase o algo así. Más que quemada de los comentarios del tipo "qué buena persona eres" dando a entender que adoptar es una especie de obra de caridad. Hasta más allá del moño que no tengo del "¡ay, la chinita que mona!¿cuánto te ha costado?" mientras por otro lado van diciendo cosas del tipo "es que los chinos nos están invadiendo". Estoy muy cansada del "¿son tuyos?, pero tuyos, tuyos no serán..." y del "¿sabes quién es su verdadera madre? ¡Pues soy yo, no te fastidia! ¡Ya ni me gusta que me digan que los niños son guapos!
El otro día participé en un programa de radio sobre maternidad y discapacidad, la idea era demostrar que hay otras vías para ser madre sin necesidad de jugarte la salud en ello. Mi argumento, sencillo, "cuando tu embarazo es un embarazo de altísimo riesgo y con más que probables secuelas, es mejor tener la cabeza fría antes de tomar una decisión. Una vez han llegado los niños, llega la parte más dura, que es criarlos, y hay que estar lo más sana posible". En contraposición otro argumento "quizás me muera, pero que mejor forma de morir que dando la vida a otro ser". Todas las opciones son respetables y muy, muy personales, pero no dejo de pensar en que esta sociedad ha convertido la maternidad en un fin último, especialmente la maternidad biológica, y si no quieres, o no puedes, tienes que conformarte con la "segunda opción", adoptar. Yo no lo veo así, las madres adoptivas que conozco, y son unas pocas, no lo ven así, pero se sigue premiando con la consideración social únicamente a esas "mártires de la maternidad". Lección aprendida, no vuelvo a dejarme enredar para participar en un programa de este tipo.
martes, 25 de febrero de 2014
De rodriguez
Circunstancias laborales han hecho que empiece la semana de madre soltera. Un rollo. Pero hay un par de cosas que me hacen reflexionar. Cómo no tengo expectativas, estoy más tranquila. Sé que absolutamente nadie va a hacer nada, así que no hay frustraciones, ni impaciencia. Me organizo mi tiempo, voy paso a paso y, curiosamente, me enfado menos. Pero no se me confundan, la reflexión no es, qué bien estoy sola (espero) sino tengo que cambiar de mis actitudes para estar bien cuando estoy acompañada. Reconozco que mi grado de insoportabilidad está alcanzando cotas de record. Obviamente, algo tiene que cambiar en mi vida, pero es obvio también que soy yo quien tiene que cambiarlo. Esto es como los propósitos de año nuevo, o las áreas de mejora que proponía a mis usuarios cuando trabajaba en orientación, esas cosas que son fáciles de aconsejar y difíciles de llevar a cabo. Como casi todo lo importante en la vida. Jo.

Así me veo, a veces... ¿Cómo me verán los que me rodean? Miedo me da.

Así me veo, a veces... ¿Cómo me verán los que me rodean? Miedo me da.
jueves, 13 de febrero de 2014
Ojos de luna
Que sean rasgados no es la única particularidad de los ojos de mi niña, resulta que también tienen un tipo de cataratas congénitas que le están impidiendo desarrollarse de forma normal. Andamos valorando cómo lo solucionaremos, pero mi reflexión va por otro lado. Teniendo en cuenta que ella nació así, resulta muy difícil valorar cómo ve realmente, porque ella no sabe lo que es ver bien, sin ese velo que le cubre gran parte de la pupila. Así que su imagen del mundo tiene que ser totalmente distinta a la imagen que pueda tener yo. Me he acordado de la Filosofía de COU, es imposible saber cómo es el mundo real pues sólo tenemos nuestra percepción del mismo. ¿Acabará Natalia pintando como Van Gogh? ¿Será un handicap o todo lo contrario? ¿Qué pasará cuando sea mayor y puede operarse, le gustará el mundo que vea o preferirá su mundo velado?
La verdad es que estoy preocupada, pero prefiero comerme el coco con la filosofía que con la posibilidad de mi hija en un quirófano, por muy pequeña y sencilla que sea la operación.Cosas mías.
La verdad es que estoy preocupada, pero prefiero comerme el coco con la filosofía que con la posibilidad de mi hija en un quirófano, por muy pequeña y sencilla que sea la operación.Cosas mías.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Pausa
Hoy ha sido un día pausado. No he ido a trabajar, a cambio, fui a la clase de mi hija pequeña (4 años) a realizar con ellos una receta de cocina. Y he disfrutado como una enana. Lo mejor con creces la asamblea, con una capacidad de moderación que ya quisieran para ellos los mejores periodistas de la historia, la "seño" va invitando a hablar a unos y otras, a enseñar sus cosas, a expresar sus miedos y sus dudas, en un ejercicio de respeto a los demás que me gustaría ver en otros sitios supuestamente más importantes, ¿el Parlamento, quizás?
Luego la cosa se ha desmadrado un poco más, pero la verdad es que es toda una experiencia pasar ese ratito con mi hija y el resto de su clase, poniendo caras a los que ella nombra sin cesar, viendo sus avances.
Como no he ido a trabajar, me ha sobrado tiempo para preparar la mesa y la comida, comer con los niños en una locura de charloteos y chistes e historietas varias... ¡Hasta hemos dormido un rato de siesta en el sofá!
Hoy ha sido un día pausado, sin gritos, ni carreras, ni malas caras... Me hacía falta pulsar el botón de pausa, porque a veces pienso que ando a más revoluciones de la cuenta, como cuando en el tocadiscos poníamos a 45 los discos de 33. Y no soy yo sola. Miro a mi alrededor y me da la sensación de que todos andamos a las revoluciones equivocadas. A toda velocidad por la vida los que trabajamos, en una tensa calma forzada los que perdieron el empleo. Y sueño con darle a pausa, y cambiar las revoluciones, y aprender a estar tranquila en casa y en el trabajo, a no dejarme llevar por la vorágine. ¡Qué fácil resulta escribirlo! Hacerlo es otra historia ¿verdad?
Luego la cosa se ha desmadrado un poco más, pero la verdad es que es toda una experiencia pasar ese ratito con mi hija y el resto de su clase, poniendo caras a los que ella nombra sin cesar, viendo sus avances.
Como no he ido a trabajar, me ha sobrado tiempo para preparar la mesa y la comida, comer con los niños en una locura de charloteos y chistes e historietas varias... ¡Hasta hemos dormido un rato de siesta en el sofá!
Hoy ha sido un día pausado, sin gritos, ni carreras, ni malas caras... Me hacía falta pulsar el botón de pausa, porque a veces pienso que ando a más revoluciones de la cuenta, como cuando en el tocadiscos poníamos a 45 los discos de 33. Y no soy yo sola. Miro a mi alrededor y me da la sensación de que todos andamos a las revoluciones equivocadas. A toda velocidad por la vida los que trabajamos, en una tensa calma forzada los que perdieron el empleo. Y sueño con darle a pausa, y cambiar las revoluciones, y aprender a estar tranquila en casa y en el trabajo, a no dejarme llevar por la vorágine. ¡Qué fácil resulta escribirlo! Hacerlo es otra historia ¿verdad?
jueves, 6 de febrero de 2014
E=MC2
Visualicen esta imagen: sala de espera de urgencias en una clínica cualquiera, llevamos un par de horas esperando con la paciencia que nos da muchos años de entrenamiento hospitalario, mi madre y yo hemos estado casi toda la tarde hablando de lo mismo. Los problemas que mi hijo me anda dando con sus deberes, su actitud hacia ellos y otros problemas de comportamiento. También hemos tenido tiempo para hablar de la niña, del supuesto retraso perceptivo cognitivo de mi hija que nos ha comentado la orientadora del colegio... En ese momento hacen su entrada, madre e hijo. Él tiene unos 16 años, parálisis cerebral, silla de ruedas, viene tosiendo. Su madre lo mima, le dá de comer, habla con él bajito, le entiende lo inentendible. Y de pronto, todo cambia, pura relatividad.
P.D. No se me preocupen, que lo del hospital también ha quedado en una tontería
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